20 de mayo de 2009

Jefe Perezoso


Mi jefe es una pesadilla: El Perezoso

Por Victor Weinstock
Escritor Colaborador de Monster


En esta serie de artículos sobre los jefes-pesadilla hacemos una suerte de lectura de tarot laboral que nos ayuda a despejar incertidumbres, a desvelar los enigmas del supervisor insufrible y a salir avante en la vida profesional ante una circunstancia muy incómoda, desventajosa y adversa. Especial atención merecen los Arcanos Mayores de la pesadilla, aquellos que le han quitado el sueño desde épocas remotas tanto al hombre común como a los grandes sabios y poetas de la historia: en oriente se les conoce como los grandes males y en occidente, pecados capitales.

La palabra ocio tiene su raíz en el latín otium. El negocio es la negación del ocio. Aristóteles, en su Política, decía que “la naturaleza humana busca no sólo trabajar correctamente, sino la capacidad de emplear bien el ocio. Éste es el fundamento de todo”. Y en la Ética Nicomaquea subrayaba: “no nos privemos del ocio más que para conseguirlo”. Para él, el ocio era sinónimo de felicidad y la felicidad era el único fin de la vida.

Sí, todo es cierto y se ha puesto de moda en el mundo del negocio hablar del ocio como una manera de detener la pandemia de trabajolismo y estimular un mejor desempeño en el trabajo a través del cultivo del sano ocio. Lo malo es que a veces se confunde el ocio con la pereza, la cual, lejos de estar relacionada con el ingenio y la curiosidad, está emparentada con la depresión y la procrastinación. De hecho, en la antigüedad, la Iglesia Católica al pecado capital le denominaba claramente acidia, o sea negligencia, tristeza y angustia.

La sicología moderna lo llama pues procrastinación, otro vocablo latino que significa en suma postergar el futuro. Nos hemos acostumbrado a tolerar la pereza. Vamos, suena a chiste, nos da incluso ternura. El burro Igor que acompaña a Winnie Pooh es un perezoso típico que nos enternece. Eso está muy bien, pero tú no eres un osito de caricatura buscando miel ni tienes porque soportar a un burro tierno como jefe.

Hay un diccionario inglés-español en la Unión Americana que aceptó un vocablo con la letra eñe, una sola: mañana. Lo bonito de esa inclusión es la definición que los estadounidenses —un pueblo al que se le puede acusar de muchas cosas menos de perezoso— dan a la palabra mañana: un tiempo indefinido en el futuro. Mañana se lo arreglo, mañana se lo entrego, mañana armamos la estrategia de ventas, mañana reviso tu presentación para el cliente… qué horror, mas qué verdad.

Deja que tu jefe se hunda en su pereza sin que te arrastre a ti a ese légamo sin fondo. Toma al toro por los cuernos y no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. No permitas que un perezoso se interponga entre tu éxito futuro y tu presente inmediato. Te lo saltas o lo denuncias, no esperes sacar agua de las piedras ni peras del olmo.

Evalúa las opciones para tomar la decisión más adecuada a tus circunstancias. Sé egoísta. Tú vas primero: si la pesadilla del jefe perezoso es tolerable y él es tan negligente y desidioso que no busca siquiera hacer caravana con sombrero ajeno, pues qué más te da. Pero si el susodicho te estorba o firma el producto de tu esfuerzo, o lo denuncias con sus superiores o te cambias a un lugar donde aprecien mejor tu trabajo. El trabajo no tiene porque ser una pesadilla cuando puede ser un sueño que te permita gozar del ocio y del negocio.

|Fuente: Monsterlatam.com

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