Mi jefe es una pesadilla: El Lujurioso
Por Victor Weintock
Escritor Colaborador de Monster
En esta serie de artículos sobre los jefes-pesadilla hacemos una suerte de lectura de tarot laboral que nos ayuda a despejar incertidumbres, a desvelar los enigmas del supervisor insufrible y a salir avante en la vida profesional ante una circunstancia muy incómoda, desventajosa y adversa. Especial atención merecen los Arcanos Mayores de la pesadilla, aquellos que le han quitado el sueño desde épocas remotas tanto al hombre común como a los grandes sabios y poetas de la historia: en oriente se les conoce como los grandes males y en occidente, pecados capitales.
La insoportable levedad del jefe lujurioso no debe confundirse con acoso sexual en el trabajo, si bien el primero puede ser conducto hacia el segundo, mismo que tratamos en otro lugar no con levedad sino con toda la gravedad que amerita el caso. Por ahora, sin embargo, nos referimos a un mal que es todavía posible acotar e incluso utilizar a nuestro favor.
No por nada en la América prehispánica existen divinidades contradictorias asociadas a la lujuria, como la diosa náhuatl Tlazoltéotl, “Devoradora de la Mugre”, a la que habremos de invocar el nuestro centro de trabajo para que se encargue de acotar al pobre jefe lascivo. Al fin y al cabo, los latinoamericanos somos jacarandosos y sensuales; así es que los males del jefe los podemos tornar en nuestro beneficio.
De entrada hay que mirar la lujuria a través del cristal de la psicología moderna: es simple y sencillamente una adicción. Existen de hecho grupos de Sexóticos Anónimos que funcionan de forma similar a los grupos de alcoholismo. Es decir, no hay mucho que podamos hacer nosotros para cambiar la actitud del jefe frente a sus empleados a menos que fuéramos capaces de convertirnos en estatuas de piedra; el jefe no puede evitar vernos como carne, va más allá de él o ella, y nos quiere en su parrilla. No lo tomes personal, si no eres tú será el de a lado quien atraiga su atención; recuerda, mientras no exista el verdadero acoso sexual tú puedes manipular la situación a tu favor. Sin duda es un paso riesgoso la lectura que aquí le damos a la carta del jefe lujurioso, pero vale la pena intentarlo, como veremos enseguida.
La lujuria es sexualidad desbordada; y la sexualidad es tan solo una de las manifestaciones de la libido. De acuerdo a la escuela freudiana, la mente es un sistema que se autorregula gracias a la lucha entre fuerzas opuestas que orientan el comportamiento hacia un fin. Esta energía profunda, llamada libido, es el pulso que mueve al individuo. Carl Jung definió a la libido como la creatividad en libertad de la que disponemos para desarrollarnos como individuos.
Así es que esta es la clave para transformar la pesadilla de un jefe lujurioso en la bendición de un jefe creativo. En la medida que el jefe esté inmerso en un ambiente de plena creatividad y libertad podrá él o ella conducir su adicción en beneficio del equipo. Trabaja con alegría, desborda entusiasmo en el trabajo, tanto que contagies a tus compañeros, al grado que todo el equipo se mueva como una suerte de máquina programada para crear.
Se trata de no pelear contra la lujuria del jefe sino convertirla en la palpitación que da vida a la chamba, la chispa de la vida, la alegría del trabajo. Eso es a lo que nos referíamos arriba con la invocación a la diosa mexica Tlazoltéotl que devora la suciedad y protege los nacimientos. Hoy puede ser el día en que provoques el nacimiento de una nueva actitud en el trabajo. En suma, no te concentres en la sexualidad del jefe sino en su creatividad; puesto que si el énfasis lo pones en su adicción al sexo es porque tú mismo tienes sexo en mente; en cambio, el creador entusiasta acaba por tejer una red de creadores sin más esfuerzo que su propia creatividad. Suena fácil, lo es; y es además una empresa jocosa y sensual que te puede llevar muy lejos en tu avance profesional.
|Fuente: MonsterLatam.com
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10 de junio de 2009
Jefe Lujurioso
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